Cultivos

Sala del Olivo

  • Descripción de la sala


    Olea europaea, olivera, olivo o aceituno, es un árbol perennifolio, longevo, que puede alcanzar hasta 15 m de altura, con copa ancha y tronco grueso, retorcido y a menudo muy corto. Corteza finamente fisurada, de color gris o plateado. Hojas opuestas, de 2 a 8 cm de largo, lanceoladas con el ápice ligeramente puntiagudo, enteras, coriáceas, glabras y verde gris oscuras por el haz, más pálidas y densamente escamosas por el envés, más o menos sésiles o con un peciolo muy corto. Flores bisexuales o polígamas, en panículas axilares multifloras, con corola blanca. El fruto, la aceituna, es una drupa suculenta y muy oleosa de 1 a 3,5 cm de largo, ovoide o algo globosa, verde al principio, que precisa de un año para adquirir un color negro-morado en su plena madurez. Periodo de floración comprendido entre mayo y julio, su periodo de fructificación comprendido entre septiembre y diciembre. De este fruto se obtiene un aceite muy apreciado en gastronomía, el aceite de oliva.

  • Plano de situación

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    1. Oficios y Talleres Artesanos
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    3. Sala Burguesa
    4. Infancia
    5. Religiosidad

Sala de la Vid

  • Descripción de la sala


    La Vid es un género con alrededor de 60 especies perteneciente a la familia Vitaceae. Se distribuye predominantemente por el hemisferio norte. Su importancia económica se debe al fruto, la uva, utilizada tanto para consumo directo como fermentada para producir vino. El estudio y cultivo de las uvas se denomina viticultura.

    Galería fotográfica de la sala


  • Plano de situación

    Pieza destacada

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Sala de Cereales y Panadería

  • Descripción de la sala


    Los cereales (de Ceres, el nombre en latín de la diosa de la agricultura) son gramíneas, herbáceas cuyos granos o semillas están en la base de la alimentación humana o del ganado, generalmente molidos en forma de harina.
    Un panadero o panificador es alguien que se dedica principalmente a preparar y vender pan. También puede fabricar pasteles y alimentos parecidos, dado que la separación tradicional existente entre panaderos y pasteleros se ha difuminado en las últimas décadas. El lugar en el que un panadero ejerce su oficio se llama panadería.
    A lo largo del tiempo, el trigo, como planta que se cultiva por ciclos anuales, se ha iniciado arando y abonando la tierra, a finales de verano o primeros de otoño, antes de las primeras lluvias. El arar o labrar la tierra, se hacía con el tiro de mulos o bueyes, los cuales arrastraban un arado, que básicamente es un mástil, sujeto por un travesaño al cuello de los animales del tiro, y con otro travesaño dirigido al suelo, acabado en pico o incluso en una pieza en forma de “V” para ir abriendo surcos en el suelo, moliendo la tierra.
    Una vez acabado de labrar el campo, poco tiempo antes de que empiece la temporada de lluvias, o con las primeras, se procede a sembrar, que es ir esparciendo el grano por el campo labrado, y posteriormente, se volvía a dar otro labrado para envolver el grano en la tierra, y que no se lo comieran los pájaros. A partir de aquí, solo cabría esperar que el tiempo acompañase: lluvias normales, tiempo soleado en su época, que el cultivo creciera adecuadamente, no hubiera plagas -había muchas de langosta, topos,…-, los pájaros no se decidieran a comérselo, …y esperar el tiempo de ser recogido.
    Después de un tiempo, en mayo, las plantas, o las siembras, que es así como realmente se las denomina, dependiendo del tiempo que ha tenido, empieza a cambiar de color. Del verde oscuro, pasando por toda la gama de verdes más suaves, cambia a amarillo. Es debido a que está empezando a secarse.
    A principios del mes de junio, la siembra cambia completamente de color, y luce un amarillo radiante. A mediados de junio, aproximadamente, daba comienzo la recolección de las mieses, que no eran otra cosa que las espigas de trigo. Durante milenios, se ha realizado a mano. Una cuadrilla de trabajadores, se reunían al amanecer en el borde de la siembra, y con hoces, guadañas y demás herramientas destinadas al trabajo de cortar y recolectar el trigo empezaban la tarea, que se extendía de sol a sol -desde que amanecía, hasta que anochecía- haciendo un pequeño descanso para comer, y si daba tiempo,… En muchas siembras, había encinas u otros árboles de gran tamaño, e incluso casitas de piedra, donde refugiarse del calor del mediodía a la hora de comer o descansar un rato.
    Antes de acabar la jornada había que recoger todo lo recolectado, cargarlo en carretas, y trasportarlo hasta las eras, generalmente, situadas en las afueras de los pueblos, aldeas, o casas de campo, en lugares donde solía haber buenas corrientes de aire, para que una vez trillada la parva, se pudiera ablentar y separar el grano de la paja.
    La trilla consistía en pasar una y otra, y otra, y otra, … muchas veces, con los mulos, burros, o cualquier otro animal que se dispusiera, con una plataforma de madera con lascas de piedra o metálicas, o también con trillos -éstos ya mucho más modernos-, por encima de las espigas, con el objetivo de desgranarlas y soltar completamente los granos, separándolos así de la parte inservible para el alimento humano.
    Los trillos son una plataforma con un cuadro metálico y atravesado con maderas, con una silla metálica – la silla es opcional- encima de la misma, varios ejes con ruedas dentadas bajo dicha plataforma, para desgranar las espigas, y un enganche en la parte delantera, para ser arrastrado por los animales de tiro, y así, poder realizar su función.
    Una vez trillada la parva, se ablentaba. Solía hacerse en fechas próximas a San Juan, ya que es cuando corría una suave brisa, según los ancianos. Ablentar, era un trabajo que consistía en levantar la mezcla de grano, paja y polvo, con una horca -especie de tenedor gigante-, y echar la mezcla al viento, para que éste se encargue de separar el grano de la paja y del polvo, llevándose lo inservible, y dejando el grano, para su almacenamiento y aprovechamiento humano, ya sea comerciándolo o para uso propio.
    Algunos trabajadores se dedicaban al trabajo de “espigar”, que no era otra cosa, que rebuscar las espigas caídas o perdidas en las siembras, para disponer de algo más de trigo para poder comer.
    Todos éstos trabajos, se realizan hoy día en unas pocas horas, con las máquinas cosechadoras, pero debemos recordar, que no siempre fue así, que fue un trabajo muy duro, y que requería de muchas personas, días, animales y herramientas para poder realizarlo, y que no siempre hubo trabajo, ni pan para todos.
    El método tradicional para la elaboración del paz empieza con la elaboración del pre-fermento utilizando levadura natural, para la masa madre, o levadura comercial, para el poolish, biga o esponja. Luego se deja fermentar para permitir el desarrollo de las características propias de la masa final y del pan.
    Posteriormente, cuando el pre-fermento alcanza la maduración correcta, se procede al amasado final en la amasadora. El amasado se realiza hasta lograr el punto de desarrollo adecuado del gluten. La masa se deja fermentar en bloque, es decir, sin dividirla, por un periodo determinado de acuerdo a la relación entre la proporción de ingredientes de la fórmula y el tiempo de amasado. Con este tipo de fermentación se obtiene un óptimo sabor y debe considerarse como la etapa más importante para garantizar la buena calidad del pan. En este proceso influye el correcto acondicionamiento de la masa para que ésta adquiera todos los beneficios de la fermentación.
    Una vez que la masa ha madurado lo suficiente, el siguiente paso consiste en dividirla para pre-formar las piezas de acuerdo a su peso y a la forma final que se desea obtener, para luego dejarlas en reposo. Los trozos de masa pasan por la siguiente etapa de fermentación donde el gas producido por la levadura es atrapado dentro de la masa generando el volumen y la textura tan típica y adecuada del pan. Después se procede a realizar cortes a la masa y enseguida se llevan las piezas al horno.
    Tan pronto comienza el proceso de horneado puede notarse un significativo aumento de tamaño, y cuando éste ha llegado al máximo y ha adquirido su volumen final, se alcanza un estado denominado comúnmente “salto de horno”. Con el horneo adecuado el pan logra una buena miga y el color adecuado de la corteza. Es entonces momento de descargarlo para que pueda enfriarse y sea apto para el consumo o el empacado.
    Actualmente ciertos equipos han sustituido las manos de los panaderos para realizar distintas operaciones en los diferentes pasos del proceso de panificación, pero las fases de amasado, fermentación y armado han permanecido inmutables a lo largo del tiempo. Es importante conocer las nuevas tecnologías y el cómo usarlas, para facilitar el trabajo sin sacrificar el tiempo largo de fermentación, que es el factor más importante para lograr pan de calidad.

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